La pandemia del COVID-19 en India

Crónica anunciada de un colapso

PhD(c). Sabrina Olivera
Universidad del Salvador
@sabrolivera26

Durante estos últimos días, los medios de comunicación de todo el mundo muestran fotos y videos sobre cómo la pandemia del COVID está fuera de control en India. Cremaciones al aire libre en lugares improvisados, enfermos con mascarillas de oxígeno esperando en ambulancias y autos particulares y familiares llorando a sus seres queridos se ven en la sección de Internacionales de los medios, poniendo de relieve el colapso sanitario en la segunda nación más poblada del mundo.

Desde el inicio de la pandemia allá por marzo de 2020, los casos de coronavirus en India fueron aumentando hasta llegar a un pico de casi 100 mil casos diarios en el mes de septiembre de 2020. Con posterioridad a esa fecha, la curva de contagios comenzó a exhibir una tendencia decreciente hasta llegar a menos de 15 mil casos por día en marzo de este año. Considerando que se trata de una población de 1370 millones de habitantes, 15 mil casos tenían una incidencia mínima. Pero ¿cómo se explica el salto a 400 mil contagiados diarios en apenas unas semanas?

La sensación de haber superado la pandemia durante el invierno indio hizo que el gobierno fuera habilitando nuevas actividades: la celebración de fiestas religiosas –que pueden llegar a aglomerar a 25 millones de personas-, los actos y reuniones políticas por elecciones en varios estados de India y la reapertura de lugares públicos que estaban cerrados dieron una falsa impresión de normalidad. A todo ello, se le sumó la doble y triple mutación del virus en una “cepa India” que, en principio, aparenta ser más contagiosa y que constituye una preocupación para los especialistas.

El contexto descripto derivó en un aumento exponencial de casos. El 1 de mayo se registraron 402 mil contagios en un solo día: esta cifra, que es record a nivel mundial, puso de manifiesto que India efectivamente bajó la guardia ante los pocos casos que había hasta el mes pasado. Los funcionarios del gobierno creyeron que la pandemia había sido superada y, por tanto, no se tomaron medidas tendientes a adaptar la infraestructura sanitaria ante una eventual nueva ola de contagios.

La situación es tan trágica que, en solo tres días, se contabilizaron un millón de contagios, totalizando casi 20 millones desde el inicio de la pandemia y 215 mil muertos. No debe soslayarse que las cifras deben ser analizadas a escala india respecto de la población total del país, pero ello no implica que el número no haya provocado un colapso sanitario. Además, ciertos grupos alegan una subestimación de esos registros y entienden que los casos positivos reales pueden llegar a ser hasta cinco veces más. Hay quienes se mantienen fuera de los números oficiales por no poder acceder al sistema de salud a fin de testearse y muchos otros que cursan la enfermedad sin síntomas.

Creer que la pandemia había terminado fue un error, sobre todo teniendo en cuenta que estamos frente a un virus cuyas particularidades siguen siendo desconocidas. Las sucesivas mutaciones en variantes más contagiosas hacen cuestionar la efectividad de las vacunas y ponen en riesgo la disponibilidad de recursos de salud, cuyo sistema ya era deficiente con anterioridad a marzo de 2020. La apuesta del Primer Ministro Narendra Modi reside en un “festival de vacunación”: inocular a 900 millones de personas con la mayor celeridad posible para alcanzar la tan mencionada inmunidad de rebaño.

Aún siendo un país cuyas fábricas de vacunas están “dentro de casa”, el ritmo de producción no parece satisfacer la demanda interna. En efecto, el Serum Institute of India, responsable de la vacuna Covishield (tecnología Oxford/Astrazeneca), produce alrededor de 65 millones de dosis al mes y su objetivo es llegar a fabricar 100 millones mensuales en julio. Por su parte, el laboratorio Bharat Biotech produce 10 millones de dosis de Covaxin al mes y pretende llegar a alrededor de 60 millones. Todo parece indicar que es una carrera contra el tiempo y que, al menos por unas cuantas semanas, el panorama seguirá siendo complejo para el país.

Al inicio de la pandemia y por su calidad de productora de genéricos, India fue reconocida por la venta de medicamentos a los países centrales. Esto está siendo retribuido por más de 40 países que se comunicaron con el canciller indio para prestar colaboración y asistencia. A modo de ejemplo, el 1 de mayo pasado llegó un primer lote de la vacuna Sputnik V, producida por Rusia, además de oxígeno y respiradores desde Singapur y Reino Unido. Por su parte, también el gobierno de Estados Unidos anunció el  envío de test rápidos, equipos de protección y otros insumos en lo inmediato. Además, se puso en discusión la posibilidad de mandar a India un número importante de dosis de la vacuna de Astrazeneca que Estados Unidos tiene almacenadas sin utilizar

Diversos países de Europa, Oceanía y América suspendieron el tráfico aéreo con India por temor a la contagiosidad y eventual letalidad de la “cepa India”. El gobierno de España se mostró muy preocupado e impuso una cuarentena estricta de diez días a los viajeros que provengan del país asiático. En Bélgica, Irlanda, Países Bajos, Alemania, Suiza, Reino Unido y Guadalupe se detectaron casos de esta nueva variante, por lo que debemos tener una foto más amplia de la situación y entender que el colapso sanitario de India podría llegar a afectar al mundo entero.

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